En un barrio a los alrededores de la ciudad, se construyen una cierta cantidad de viviendas, las cuales son habitadas por familias humildes, con varios chicos. Las mismas ocupan tres manzanas. A los alrededores no hay construcciones, son terrenos baldíos, podría decirse, vírgenes: la vegetación es abundante y tupida, predominan espinillos, rosetas, y dicen, los que se han animado a penetrar en ellos, que en el centro hay bañados, por lo que nunca se pudo recorrer en su totalidad.
Cierto día de invierno, con neblina y con temperatura bajo cero, Valeria y Daniel, hermanitos de 7 y 9 años, después que su madre los prepara para ir a la escuela, emprenden el camino cuarenta y cinco minutos antes, de la hora de entrada al colegio. El trayecto es largo y les gusta ser puntuales.
Su casa está frente a uno de estos baldíos, por lo que deben caminar una cuadra hasta llegar a la esquina que los conducirá derecho a la puerta de la escuela.
Su madre los acompaña a la puerta y poniéndoles el gorro y las bufandas, los despide con un beso.
Cuando llegaron a la mitad de la cuadra, el cielo oscuro todavía, y la visibilidad muy poca, pudieron ver claramente, una figura femenina que caminaba a la par de ellos por la calle. Se miraron entre ellos sorprendidos e inmediatamente se tomaron de la mano. El escalofrío que les corrió por el cuerpo era insoportable, sin decir una sola palabra empezaron a correr hacia su casa.
Golpearon la puerta con fuerza, estaban agitados y asustados. Mabel, su mamá los interroga asustada, y para calmarlos ella decide mirar para demostrarles que es una idea de ellos...pero cuando vé la calle, el horror se le hizo presente en su cara, los ojos se le agrandaron, con la boca abierta sin poder emitir sonido, comprueba que lo que decían ver sus hijos, ella también lo veía.
Esta mujer que caminaba por la calle con una túnica blanca, no tenía rostro, el pelo suelto y enmarañado, parecía sucio, y cuando se la quería alcanzar para ver mejor, desaparecía entre la maleza de los campos de enfrente.
La noticia corre entre los vecinos, muchos de los cuales habían percibido lo mismo, lo que desestimaron debido al apuro para ir al trabajo y por la neblina de la mañana.
Pasaron los días, y la historia se repetía, siempre a la misma hora y bajo distintas condiciones climáticas. El miedo invadía al barrio. Se llegaron a tomar fotos de esta figura, las cuales siempre eran de espalda.
El pueblo todo se conmovió con el hecho, diarios y canales de televisión hablaban de "la mujer de la túnica blanca en el barrio El Ombú"...
Fue así, que el cura de la ciudad, decide ir un día para comprobar lo que todos afirmaban.
Justo en ese momento, cuando él llega, vé a la mujer que desaparece en la bruma de monte y neblina, para no aparecer más.
Solana Marin
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