Además de hacer análisis, desde hace unos años tengo un asesor espiritual, al que visito una vez al mes. Esto se debió a que si bien siempre fui católica y "practiqué" la religión, el encuentro con Jesús (verdadero) lo tuve con 31 años, y fue una experiencia tan nítida y personal que me fue necesario consultar con entendidos en la materia; desde entonces hago un trabajo de conocimiento personal también desde lo espiritual. "Mi cura" es un ser muy especial, tiene dones muy particulares: tiene el don de la sanación, el de profecía, y una sabiduría extraordinaria.
Mis encuentros con él, siempre se han dado en situaciones, podría decirse, límites, y siempre, como en análisis, hemos vuelto a la infancia...
Cuan importante es nuestra niñez en el desarrollo personal y espiritual, a tal punto que determina prácticamente toda nuestra vida. Todas las respuestas a lo que nos pasa (tanto bueno como malo) siempre está el niño que fuimos, y recuerdo una cita de Erik Laurent que dice: "hay que criar a los chicos de una manera tal que logren apreciarse a sí mismos, que tengan un lugar, que no sea un lugar de desperdicio", y sí, todo lo que se hace con el niño, determina a ese niño-adulto.
Por ello, no perdamos de vista ese niño que fuimos, porque en realidad somos y actuamos de acuerdo a como fuimos tratados, como sentimos y como amamos y nos amaron. Para modificar o replantear al adulto que somos, necesaria e indefectiblemente debemos sanar (psíquica y espiritualmente) el niño que llevamos dentro, porque al fin de cuentas no somos más que NIÑOS-ADULTOS, y empezamos a ser ADULTOS-NIÑOS, cuando tomamos la firme decisión de ver y replantear a nuestro niño.
Y hoy, con más de 20 años de análisis y con 7 años de apoyo espiritual, siento y creo, que tanto analista y sacerdote, "mi cura", es la niña que fui. Pero solo no se puede, siempre necesitamos un Otro que lo habilite...

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