jueves, 23 de mayo de 2013

Lo mejor es lo que está por venir...

A veces las cosas, relaciones, situaciones se terminan y nos ponemos mal, porque no hicimos nada para que ello pase, al contrario, nos esforzamos para que todo siga su curso tranquilo y bien. Es verdad que si algo se termina, rara vez sea porque cumplió con su ciclo, algo ahí estaba pasando que no podía ser...
Soy de una generación y de un espacio, donde la palabra todavía tiene valor, nos enseñaron a creer en la gente, en ayudarla, en brindarle atención, donde lo que uno dice es así, a defender los afectos y valorar los pequeños gestos, a tratar por todos los medios de conciliar, y creer en Dios.
Lamentablemente, hoy lo que cuenta son otras cosas y pareciera que esto ya no sirve, más en ciudades grandes, donde siempre están esperando que se les haga mal, cuanto le rompiste, lo que le robaste, o como hacer para sacar la tajada más grande (entre otras cosas).
Si bien entiendo que el modelo de nuestros padres ya no nos sirve para educar a nuestros hijos, ni para manejarnos nosotros mismos; no creo que la transmisión de valores  tenga que ser subestimada, por el contrario, creo y sostengo, que ante la crisis de valores que sufre la sociedad toda, debemos luchar para que, la vigilancia sea el esfuerzo para encontrar la sabiduría, y ésta nos sirva para discernir y encontrar a Dios en los semejantes, y sentirnos invitados a reflexionar, a rezar, a detenernos, a mirar la propia vida en silencio, en soledad, en comunidad o frente al Santísimo.
Me estimula saber que soy de una generación que tiene que crear alternativas nuevas, que debe separarse de lo hecho y preocuparse por investigar, pensar, crear y estudiar.
Tengo fé que es posible, y sostengo que
 lo mejor es lo que está por venir...

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